Mi música trota. ¿No valgo?

Mamá quiero ser DJ: Mi música trota. ¿No valgo?

Por Marta Fierro

Este texto es un extracto de mi libro “Mamá quiero ser DJ” publicado por la editorial “Lee/me” en 2015, actualmente está agotado pero podéis conseguirlo pidiéndolo en emedejota@gmail.com o leer algunos capítulos en cada publicación de Cue&Play Magazine.

Han pasado varios años y aunque sigo teniendo algo de ansiedad alguna vez y he tenido varias recaídas en algunos momentos de mi vida, he conseguido llevar una vida mucho más estable gracias a la psicoterapia, la medicación, una red de apoyo y comprensión y una vida mas saludable. Llevo tiempo sin tener ninguna crisis grave, en parte también gracias a poder hablar de todo esto, de sentirme más segura aunque pueda tener ansiedad, de no sentirme rara por tenerla.

Por eso, desde aquí, creo que es importante hablar de salud mental, visibilazarla y pedir ayuda para tratar los problemas relacionados con ella en nuestro sector. Os invito también a pasar por www.depresionenlacabina.com donde podéis informaros sobre el proyecto “depresión en la cabina”.


Mamá quiero ser DJ. Del corazón a la pista de baile…

Mi música trota. ¿No valgo?

No necesariamente. En la jerga musical, trotar significa que dos canciones que se quieren mezclar no van acompasadas. Ello provoca que los bombos de ambos temas no suenen a la vez, creando algo parecido al trote de un caballo. De ahí la expresión. ¿Y por qué puede ocurrir esto? Hay muchos factores por los que un disc-jockey no consigue realizar las mezclas con corrección, y casi todos tienen solución. Así que no es momento de desesperar. En realidad nunca hay que impacientarse porque para cada problema siempre hay una solución. Puede ser que el problema de las malas mezclas resida en parte en los aparatos.

Un equipo mal elegido puede hacer que el aprendizaje se convierta en un camino tortuoso y largo. En ese camino, el desánimo estará siempre a nuestro lado, añadiendo dificultad al desarrollo de nuestras capacidades musicales. Para solucionar esto, puedes ir a las últimas páginas de este libro dónde se encuentra la parte más técnica.

Quizá no sean los aparatos en sí, sino la forma de pinchar. Puede haber gente que se aburra pinchando con un ordenador porque crea que es demasiado impersonal (o demasiado fácil) y necesite un par de tocadiscos, una mesa de mezclas y un montón de vinilos para sentir el cosquilleo de no saber cómo tendrá el día, sentir el vértigo de saber que sólo contará con su talento si la cosa empieza a torcerse. Piensa bien qué es lo que más te llena a la hora de pinchar.

Si estás a gusto frente al equipo, sientes nervios y lo ves como un reto a superar, la mejora llegará sola. Pero no necesariamente hay que volver a lo purista. Quizá decidas comprarte una controladora y descubras que vuelves a disfrutar de la música, a sentir lo que sentiste cuando decidiste comunicar a través de melodías y beats. Lo único que necesitas es encontrar tu sitio.

Para este primer bache, el de las mezclas desacompasadas, el problema más común reside en las prisas. Corre mucho y tropezarás. La profesión de músico (como cualquier otra profesión) requiere de un tiempo de aprendizaje que puede hacerse largo si las aspiraciones son de éxito instantáneo. Un DJ debe aprender a utilizar correctamente el equipo que tiene ante sí, saber manejarse con él, debe conocerse las canciones, educar al oído para poder separar temas y anticiparse a sus cambios. Un DJ debe aprender y practicar.

Siempre. Una y otra vez, y así hasta que consiga esa mezcla casi perfecta, hasta que la salida de un tema y la entrada de otro encajen como las piezas de un puzzle. Un DJ debe practicar (lo repito por si aún no lo tienes claro). Mucho. Pero un DJ también debe ser consciente de que el arte de pinchar no se ciñe a saber  cuadrar dos temas perfectamente. Es mucho más. Gran parte del éxito o del fracaso de esta profesión viene dado, entre otros factores, por la maestría a la hora de poner un tema detrás de otro, es decir, del criterio en la elección musical: lo más importante es saber qué poner y cuándo. Y no hablamos aquí del aspecto técnico, hablamos del lado humano de esta profesión, ése en el que se entabla una comunicación con el público, ése en el que el maestro de ceremonias manda emociones a la pista de baile: un tema para animar, otro para arrastrar a las chicas, otro para dar un respiro antes de volver a la carga, otro para las parejas, uno especial para el grupo que lleva toda la noche en el local…

Si como disc-jockey consigues transmitir y enlazar todo ese tipo de emociones en una misma sesión, de manera ordenada y con cierta gracia, que la mezcla se te vaya es lo de menos. La gente para la que estás trabajando ha salido a divertirse, y la diversión viene por el baile y la alegría, y no por la técnica. La mezcla más perfecta del mundo sólo será apreciada por un mínimo porcentaje del público asistente a una sesión, la mayoría de tu público sólo quiere que le hagas disfrutar. Nunca lo olvides.

Yo, por ejemplo, me considero más una seleccionadora musical que una DJ técnica. Siempre he valorado más la música que debo poner en una determinada sesión que practicar en mi casa una y otra vez hasta conseguir la mezcla perfecta (aunque nunca he descuidado esto último). De hecho, mi andadura en el mundo profesional de la música comenzó en Sada, pero no como disc-jockey, sino como colaboradora de un programa de radio local.

Todo empezó en el año 1998. La seleccionadora musical que llevaba dentro sació su hambre con La Cripta (programa capitaneado por Susete y Koke), donde sonaban temas de punk rock, garaje y power pop. Yo no paraba de pedir canciones por teléfono, así que Susete, que ya me conocía del F2, me invitó a asistir a las grabaciones del programa. Así que además de solicitar que pusiesen determinada música me permitían participar en las charlas que llevaban a cabo en antena. Tanto reclamar canciones y seleccionarlas me llevó a las cabinas. Fue en el pub El Indio, en el mismo pueblo, donde en 1999 organicé mi primera fiesta, la Pop Parade Party junto al promotor Pepe I Wanna, al que había conocido en un foro de internet de temática musical. Allí pinché mis primeros discos de pop, rock e indie ante el público Y lo hice sin saber mezclar, casi sin saber muy bien lo que hacía. Únicamente me movía el afán de comunicar, de trasmitir emociones y de descubrir nueva música a los asistentes. Aquella experiencia me llevó a pinchar en las fiestas de carnaval de Sada, en el edificio La Sociedad (una organización recreativa, cultural y deportiva que organizaba eventos lights) junto a mi amigo Jose Ángel (Gatsublade). De nuevo sin saber mezclar. De nuevo con el único fin de entretener y comunicar. Ese espíritu (la mayor importancia de la música que pongo a cómo la pongo) sigue presidiendo mis sesiones.

¿Todavía no te he convencido? Piensa en el disc-jockey Sideral, el marciano de Barcelona que rompió esquemas y se convirtió en leyenda. Forjó su alter ego (el que al final acabó consumiéndolo) a base de canciones, no de mezclas. Acabó aprendiendo a pinchar con soltura, pero nunca fue importante para él. Lo importante para Sideral era saber qué tocar en la mesa de mezclas para que un canal sonase y así poder reproducir la magia que tenía en la cabeza. Una magia musical, sin etiquetas, que maravilló a eruditos e iniciados, que cautivó a cualquier persona que se pusiese al alcance de sus altavoces. Porque para Sideral, lo importante era qué poner y cuándo.

Y aúnque la canción está por encima de la mezcla es normal que quieras avanzar en la parte técnica. Lo malo es que cuando estás empezando es muy fácil que te sientas frustrado. Todos hemos pasado por eso. Piensa en cualquier caso que siempre habrá cosas que ajustar, por mucho que hayas avanzado, y que no puedes dejar que los errores te desanimen. Son parte fundamental de cualquier proceso de aprendizaje. Recuerda tus metas. Estás invirtiendo tiempo y esfuerzo (y dinero) en conseguir un propósito que no por lejano tiene que caer en el olvido. Ese propósito sólo se consigue esforzándose cada día más, aprendiendo de uno mismo, conociéndote mejor.

Existen trucos y herramientas que pueden facilitar y acelerar el proceso de aprendizaje. Puedes dejar de molestar a los vecinos por un rato para ver vídeos (o escuchar audios) de sesiones de profesionales (puedes encontrarlos en las redes sociales, en los foros y en las páginas especializadas). Siéntate con calma y analízalos. Observa cómo se comporta el disc-jockey, lo que hace cuando una mezcla se le va (no lo verás sufrir más de lo necesario). Presta atención a las mezclas que hace, a cuándo mete un tema nuevo, a cómo lo mete. Intenta reproducir esa mezcla en tu casa. Varíala ligeramente para descubrir por qué el disc-jockey del vídeo (o del audio) a elegido ese punto de mezcla y no otro. Practica.

Puedes darte una vuelta por los foros especializados que existen en la Red. En ellos podrás encontrar tutoriales, consejos, soluciones a problemas tanto técnicos como humanos. Podrás compartir tus experiencias, preguntar por qué no consigues hacer algo determinado, buscar consejo para determinar qué estás haciendo mal. Aprovecha las nuevas tecnologías y mantente en contacto con la comunidad para aprender y para ayudar a otros a que aprendan. Vuelve a mirar vídeos, a escuchar sesiones. Identifica los tipos de mezclas que utilizan los grandes nombres. Cópialos. No para ser un producto repetido, sino para ir encontrando tu sitio musical.

Recuerda que quieres ser disc-jockey porque amas la música y quieres comunicar. Para ello, necesitas encontrar el lenguaje con el que te sientas más cómodo. No intentes mantener un diálogo en ruso si no sabes hablar ruso. Una vez encontrado tu lenguaje, tu estilo, descubrirás que todo fluirá con naturalidad. Mezclarás casi sin pensar, desde dentro, con el corazón. Conecta contigo antes de querer conectar con la gente. Disfruta del camino, ya que la felicidad de cualquier profesional reside en ir hacia la meta, no en llegar. Aprende a valorar esta etapa de aprendizaje y no te obsesiones con los fallos que puedas tener. Disfruta de lo que es la pasión de tu vida. No conviertas estos momentos más duros en una obligación.

Cuando una profesión bebe tan directamente de las emociones, como es el caso de los disc-jockeys, tratar de arrancarlas del proceso se puede convertir en el mayor error que se puede cometer. No olvides que los principios siempre serán duros. No hay manera de esquivar esa dureza. Acéptala y lucha por superarla. No hay otro camino. Lucha y se tenaz. Con el tiempo, verás luz en el camino y todo será más claro, lo que te ayudará en el resto del viaje.

Aquí me gustaría introducir lar palabras del argentino José Heinz. José es licenciado en Comunicación Social y un apasionado de la música que ha escrito para infinidad de revistas especializadas, además de publicar su libro La Vida de Spencer Elden, un compendio de anotaciones sobre la cultura pop. En el siguiente texto, José Heinz plantea una reflexión que se ha convertido en un debate eterno (desde que el DJ es DJ) y que es importante que tengas en la cabeza. Lee atentamente lo que cuenta y se consciente de lo unida que está la música (como forma artística atemporal) al DJ, de cómo el seleccionador musical también es músico (con la responsabilidad que ello conlleva).

Eme DJ (Marta Fierro)
Libro “Mamá quiero ser DJ”
Página 45, capítulo “Mi Música Trota. ¿No Valgo?”
Editorial Lee/Me 2015

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